Mucho se ha dicho y escrito acerca de los diversos problemas y patologías a los que se enfrenta hoy el ser humano.Podemos encontrar numerosa bibliografía que trata sobre sus causas, consecuencias y tratamientos alternativos.
Se habla, entonces, de los "cambios de vida", destinados a "moldear el alma".
En primer lugar, tengamos en cuenta algunas características típicas que generalmente definen la conducta del individuo:
1- Sedentarismo.
2- Tendencia a reducir al mínimo el movimiento corporal.
3- La creencia de que su cuerpo es una gran carga.
4- Temor al ridículo.
5- Pánico a la exposición.
6- Un gran desconocimiento de su potencial, tanto físico como intelectual.
7- El desconocimiento de la posibilidad de explotar ese maravilloso mundo interior, desarrollado a través de años de conducta introvertida.
8- Como un gran velo que cubre y no deja ver lo descripto en 6 y 7, un tema clave: la baja autoestima.
Ahora analicemos los objetivos de un taller de teatro, más allá del arte:
1- El conocimiento por parte del alumno, de la existencia de su cuerpo como "instrumento".
2- Que ese instrumento, con las limitaciones del caso, PUEDE expresarse.
3- Poder manejar la respiración, la concentración, la relajación, los reflejos.
4- El trabajo y la toma de conciencia sobre la existencia de las partes que componen ese instrumento, como ser los órganos, las articulaciones, las extremidades, los sentidos. Y que están vivas, que sólo necesitan despertar.5- Lograr (no con exigencias de tiempo ni esfuerzo, sino con paciencia, tolerancia por los tiempos internos de cada uno, y una buena dosis de motivación) transformar ese instrumento sedentario, en el vehículo que exprese arte y el talento escondido.
6- El descubrimiento, a cualquier edad, de la posibilidad de entregarse a una actividad lúdica. Que, aún adultos podemos jugar. Actuar en inglés se dice "to play".
Adelantos observados a través de mi experiencia con los sucesivos grupos de trabajo:
Paulatinamente los alumnos van cobrando confianza en sus propias posibilidades de expresión. Recuerdo un caso en que, en su primera incursión en el taller, un híper obeso tenía vergüenza de alzar los brazos, y hasta de desplazarse caminando a lo largo de un metro, por temor al ridículo. A los seis meses ensayaba por primera vez una obra de teatro, donde tenía un personaje protagónico, con bastante despliegue escénico.
Las personas van recuperando la autoestima, al comprobar que están haciendo algo digno, algo valioso. Que se están regalando ese disfrute. Comprueban, con el tiempo, que aquello que les apasionaba en el pasado, pero ni soñaban con vivirlo, es hoy una realidad palpable.
Desarrollan todo su potencial histriónico, en algunos casos admirablemente, logrando trabajos a nivel profesional (por qué no, al fin y al cabo, los actores famosos son tan sólo personas comunes y corrientes, que simplemente trabajaron bastante sobre sus posibilidades de
expresión, sus potencialidades).
Van descubriendo cómo salen de ese ratito compartido, completamente desestresados.
Es realmente un orgullo poder decir que he podido conformar grupos homogéneos de trabajo, con integrantes de características heterogéneas, donde todos son, simplemente, miembros de un taller, y sus diferencias se fundan en el carácter de cada uno. Y en el talento.
Esta actividad se convierte en una excelente motivación, ya que cada uno, además de entusiasmarse con la idea de desarrollar una buena actuación, quieren verse "dignos" sobre el escenario.
Paulatinamente los alumnos van cobrando confianza en sus propias posibilidades de expresión. Recuerdo un caso en que, en su primera incursión en el taller, un híper obeso tenía vergüenza de alzar los brazos, y hasta de desplazarse caminando a lo largo de un metro, por temor al ridículo. A los seis meses ensayaba por primera vez una obra de teatro, donde tenía un personaje protagónico, con bastante despliegue escénico.
Las personas van recuperando la autoestima, al comprobar que están haciendo algo digno, algo valioso. Que se están regalando ese disfrute. Comprueban, con el tiempo, que aquello que les apasionaba en el pasado, pero ni soñaban con vivirlo, es hoy una realidad palpable.
Desarrollan todo su potencial histriónico, en algunos casos admirablemente, logrando trabajos a nivel profesional (por qué no, al fin y al cabo, los actores famosos son tan sólo personas comunes y corrientes, que simplemente trabajaron bastante sobre sus posibilidades de
expresión, sus potencialidades).Van descubriendo cómo salen de ese ratito compartido, completamente desestresados.
Es realmente un orgullo poder decir que he podido conformar grupos homogéneos de trabajo, con integrantes de características heterogéneas, donde todos son, simplemente, miembros de un taller, y sus diferencias se fundan en el carácter de cada uno. Y en el talento.
Esta actividad se convierte en una excelente motivación, ya que cada uno, además de entusiasmarse con la idea de desarrollar una buena actuación, quieren verse "dignos" sobre el escenario.
Y gente que en un principio se desenvolvía con pudor, terminó haciendo personajes del grotesco, clown, además de coreografías bailadas.
En resumen, estoy más que convencido que un taller de teatro, es una actividad terapéutica.
En resumen, estoy más que convencido que un taller de teatro, es una actividad terapéutica.
Sin ninguna duda.
Pablo Lichtin
Actor, director, autor y docente de teatro.
Pablo Lichtin
Actor, director, autor y docente de teatro.
