lunes, 12 de enero de 2009

Reir llorando

En el siglo XVIII, con la primera revolución industrial, aparecieron las fábricas, los horarios laborales imposibles, el consumismo y, entre otros importantes avances de la humanidad, “las depresiones”. Los médicos de la época, ajenos a la futura invención del psicoanálisis y los antidepresivos, tuvieron que recurrir a un remedio natural e infalible para paliar tanta infelicidad: LA RISA.
DAVID GARRICK (1717-1779), fue un reconocido actor inglés del siglo XVIII. Estaba tan extraordinariamente dotado para la comedia, que los médicos recomendaban sus actuaciones como una especie de remedio mágico, capaz de sanar cualquier pena del alma. Podríamos decir que GARRICK, sin saberlo, fue el PRIMER RISATERAPEUTA de la historia. Hoy, en pleno siglo XXI, cuando se conoce científicamente que los niños ríen unas trescientas veces al día y los adultos tan sólo unas quince, nos proclamamos sus humildes seguidores y le rendimos este homenaje en forma de espectáculo que sólo busca que todo espectador olvide sus problemas, rompa sus máscaras y se lance a reír con esos cuatrocientos músculos que dicen que tienen que moverse para reírse…Inspirado en la vida y obra de DAVID GARRICK, EL ESCRITOR MEXICANO Juan de Dios Peza(1852-1910), escribió el siguiente poema que a continuación les presentamos para que se deleiten y sensibilicen con las grandes contradicciones humanas representadas en el ARTE LITERARIO…

Viendo a Garrick, actor de la Inglaterra,
el pueblo al aplaudirle le decía:
"Eres el más gracioso de la tierra, y el más felíz!"
Y el cómico reía.

Víctimas del spleend, los altos lores,
en sus noches más negras y pesadas,
iban a ver al rey de los actores,
y cambiaban su spleend en carcajadas.

Cierto día, ante un médico famoso,
llegóse un hombre de un mirar sombrío.
Sufro, le dijo, un mal tan espantoso,
como esta palidez del rostro mío.

Nada me causa encanto ni atractivo.
No me importa mi nombre ni mi suerte.
Y en un eterno spleend muriendo vivo...
es mi única pasión la de la muerte.

Viajad, os distraeréis! -Tanto he viajado...
Las lecturas buscad! -Tanto he leído...
Que os ame una mujer! -Si soy amado...
Un título adquirid! -Noble he nacido...

Pobre seréis, quizá? -Tengo riquezas...
De lisonjas gustáis? -Tantas escucho...
Váis a los cementerios? -Mucho, mucho...
De tu vida actual, tenéis testigos?
-Si, mas no dejo que me impongan yugos.
Yo les llamo a los muertos mis amigos,
y les digo a los vivos mis verdugos.

Me deja, agregó el médico, perplejo vuestro mal.
Mas, no debo acobardaros.
Doy por respuesta este consejo:
Sólo viendo al gran Garrick, podéis curaros.

-A Garrick?
Oh, si, a Garrick! La más remisa
y austera sociedad lo busca ansioso.
Todo aquel que lo ve muere de risa.
Tiene una gracia artística asombrosa!
-Y a mí me hará reir?
Oh, sí, él y nadie más que él. Os lo juro.
-Así, dijo el enfermo, no me curo.
Yo soy Garrick. Cambiadme la receta.

Oh, cúantos hay que, cansados de la vida,
hartos de pesar, muerto de tedio,
hacen reir, como el actor suicida,
sin encontrar para su mal, remedio.

No siempre al reir se ríe.
Nadie en lo alegre de la risa fíe,
porque en los seres que el dolor devora,
el alma llora cuando el rostro ríe.

Si huye la fe, si muere la calma,
y sólo abrojos nuestras plantas pisan,
lanza a la faz la tempestad del alma
un relámpago triste: la sonrisa.

El carnaval del mundo engaña tanto,
que las vidas son breves mascaradas.
Aquí aprendemos a reir con llantos,
y también a llorar con carcajadas.

Juan de Dios Peza

sábado, 10 de enero de 2009

El artista es un cazador

Cuando leía en antiguos textos orientales: "El artista es un cazador", recibía de esta frase una imagen preconcebida de su sentido. Por lo tanto,no la comprendía. La frase daba vueltas en mi cabeza una y otra vez como un caleidoscopio. La frase me llenaba de imágenes. La frase sonaba en mi interior como una incompleta fórmula mágica cuyo significado encerraba la remota posibilidad de transformar el barro en oro. Pero algo estaba oculto en la trama de la frase. La frase misma. Y lo que realmente la frase significaba.
El cazador conoce su oficio, pero debe proceder siempre como quien lo ignora todo. El cazador cuenta con que todo cambia permanentemente. Con que el terreno más conocido puede, por obra del fluir de la naturaleza, modificarse en segundos. Cuenta con la hora del día, la estación del año, el tipo de presa que puede presentarse. Cuenta con la astucia de la presa. Con la presencia de otros animales que pueden destruir sus trampas. Con sus estados de ánimo y su estado físico. Cuenta con recursos que revisa antes de cada partida. El cazador no da nada por hecho. Cada vez que sale a cazar, ignora el resultado de su trabajo. Sabe como si no supiera. Sabe sin recordar, salvo en el momento en que el saber se torna necesario. Sabe que hay miles de cosas que no pueden retenerse. Cosas a las que tiene que adaptarse minuto a minuto. El cazador no imagina sino en la acción. No intuye sino en la acción, momento en el que puede prescindir de algunos recursos y crear otros nuevos cuando la situación así lo exige. El cazador es un artista.
Cuando es un buen cazador, está preparado para el fracaso. Si vuelve con los morrales vacíos, volverá a salir una y otra vez hasta obtener lo que necesita para su alimento. El cazador conoce todos los sonidos por haberlos oído. Diferencia todos los olores. Ve los menores movimientos a las mayores distancias. ES un hombre atento. Y sus reflejos son rápidos. Están a su servicio. El cazador no hace movimientos innecesarios. No existe en él nada supérfluo. Tiene un objetivo. Y lo lleva a cabo en ese instante de la mejor manera posible.
La frase oriental dice todo esto. Y muchísimo más. Habla de los sentidos. Del estado de alerta sensorial. De la educación del carácter. De la voluntad. De la resistencia y la flexibilidad física. Del autoconocimiento. Del conocimiento del otro.
La frase del cazador habla de nuestro trabajo.

Beatriz Matar

lunes, 5 de enero de 2009

Qué sabemos de William Shakespeare?

Existen muy pocos hechos documentados en la vida de William Shakespeare. Lo que sí se puede afirmar es que nació en Stratford-upon-Avon, el 26 de abril de 1564 (en realidad día del acta de bautismo), y que murió el 23 de abril de 1616, poco antes de cumplir los 52 años. Fue el tercero de los ocho hijos que tuvieron John Shakespeare, un próspero comerciante que llegó a alcanzar una destacada posición en el municipio, y de Mary Arden, que descendía de una familia de abolengo. El 28 de noviembre de 1582, cuando tenía 18 años, Shakespeare contrajo matrimonio con Anne Hathaway, de 26. Parece que había prisa en concertar la boda, tal vez porque Anne estaba embarazada de tres meses. Tras su matrimonio, apenas hay huellas de William Shakespeare en los registros históricos, hasta que hace su aparición en la escena teatral londinense. El 26 de mayo de 1583, la hija primogénita de la pareja, Susanna, fue bautizada en Stratford. Un hijo, Hamnet, y otra hija, Judith, nacidos mellizos, fueron asimismo bautizados poco después, el 2 de febrero de 1585. Llegaron a la edad adulta sus hijas. A juzgar por el testamento del dramaturgo, que se muestra algo desdeñoso con Anne Hathaway, el matrimonio no estaba bien avenido. En 1596, con sólo once años de edad, murió Hamnet, único hijo varón del escritor, quien fue enterrado en Stratford el 11 de agosto de ese mismo año. Algunos críticos han sostenido que la muerte de su hijo pudo haber inspirado a Shakespeare la composición de Hamlet (hacia 1601), reescritura de una obra más antigua que, por desgracia, no ha sobrevivido. Hacia 1598 Shakespeare había trasladado su residencia a la parroquia de St. Helen, en Bishopsgate. Su nombre encabeza la lista de actores en la obra Cada cual según su humor (Every Man in His Humour), de Ben Jonson. Pronto se convertiría en actor, escritor, y, finalmente, copropietario de la compañía teatral conocida como Lord Chamberlain's Men, que recibía su nombre, al igual que otras de la época, de su aristocrático mecenas, Lord Chamberlain. La compañía alcanzaría tal popularidad que, tras la muerte de Isabel I y la subida al trono de Jacobo I, el nuevo monarca la tomaría bajo su protección, pasando a denominarse los King's Men ("Hombres del rey"). En las últimas semanas de la vida de Shakespeare, el hombre que iba a casarse con su hija Judith — un tabernero de nombre Thomas Quiney — fue acusado de promiscuidad ante el tribunal eclesiástico local. Una mujer llamada Margaret Wheeler había dado a luz a un niño, y afirmó que Quiney era el padre. Tanto la mujer como su hijo murieron al poco tiempo. Esto afectó, no obstante, a la reputación del futuro yerno del escritor, y Shakespeare revisó su testamento para salvaguardar la herencia de su hija de los problemas legales que Quiney pudiese tener. N los hijos de Susannah ni los de Judith tuvieron descendencia, por lo que no existe en la actualidad ningún descendiente vivo del escritor. Se rumoreó, sin embargo, que Shakespeare era el verdadero padre de su ahijado, William Davenant. Siempre se ha tendido a asociar la muerte de Shakespeare con la bebida, —murió, según los comentarios más difundidos, como resultado de una fuerte fiebre, producto de su estado de embriaguez—. Al parecer, el dramaturgo se habría reunido con Ben Jonson y Michael Drayton para festejar con sus colegas algunas nuevas ideas literarias. Investigaciones recientes llevadas a cabo por científicos alemanes[6] afirman que es muy posible que el escritor inglés padeciera de cáncer. Los restos de Shakespeare fueron sepultados en el presbiterio de la iglesia de la Santísima Trinidad (Holy Trinity Church) de Stratford. El honor de ser enterrado en el presbiterio, cerca del altar mayor de la iglesia, no se debió a su prestigio como dramaturgo, sino a la compra de un diezmo de la iglesia por 440 libras (una suma considerable en la época). El monumento funerario de Shakespeare, erigido por su familia sobre la pared cercana a su tumba, lo muestra en actitud de escribir, y cada año, en la conmemoración de su nacimiento, se le coloca en la mano una nueva pluma de ave. Era costumbre en esa época, cuando había necesidad de espacio para nuevas sepulturas, vaciar las antiguas, y trasladar sus contenidos a un osario cercano. Tal vez temiendo que sus restos pudieran ser exhumados, según la Enciclopedia Británica, el propio Shakespeare habría compuesto el siguiente epitafio para su lápida: Buen amigo, por Jesús, abstente de cavar el polvo aquí encerrado. Bendito sea el hombre que respete estas piedras, y maldito el que remueva mis huesos.[7] Una leyenda afirma que las obras inéditas de Shakespeare yacen con él en su tumba. Nadie se ha atrevido a comprobar la veracidad de la leyenda, tal vez por miedo a la maldición del citado epitafio El debate sobre Shakespeare Resulta curioso que todo el conocimiento que ha llegado a la posteridad sobre uno de los autores del canon occidental[9] no sea más que un constructo formado con las más diversas especulaciones. Se ha discutido incluso si Shakespeare es el verdadero autor de sus obras, atribuidas por algunos a Francis Bacon, a Christopher Marlowe (quien, como espía, habría fingido su propia muerte) o a varios ingenios; la realidad es que todas esas imaginaciones derivan del simple hecho de que los datos de que se dispone sobre el autor son muy pocos y contrastan con la desmesura de su obra genial, que fecunda y da pábulo a las más retorcidas interpretaciones. La posición más extendida en medios académicos es que el William Shakespeare de Stratford fue el autor de las obras que llevan su nombre.Sin embargo, recientemente el rumor sobre la autoría de Shakespeare se ha acrecentado tras las declaraciones de los actores Derek Jacobi y Mark Rylance. Ambos han divulgado la denominada "Declaración de Duda Razonable" sobre la identidad del famoso dramaturgo. La declaración cuestiona que William Shakespeare, un plebeyo del siglo XVI criado en un hogar analfabeto de Stratford-upon-Avon, escribiera las geniales obras que llevan su nombre. El comunicado argumenta que un hombre que apenas sabía leer y escribir no pudo poseer los rigurosos conocimientos legales, históricos y matemáticos que salpican las tragedias, comedias y sonetos atribuidos a Shakespeare.A lo largo del tiempo han existido teorías que subrayan que William Shakespeare era tan sólo un "alias" tras los que podían esconderse otros ilustres nombres como Christopher Marlowe (1564-1593), el filósofo y hombre de letras Francis Bacon (1561-1626) o Edward de Vere (1550-1604), decimoséptimo conde de Oxford. Jacobi asegura inclinarse por Edward de Vere, que frecuentó la vida cortesana en el reinado de Isabel I (1533-1603), y lo califica como su "candidato" preferido, dadas las supuestas similitudes entre la biografía del conde y numerosos hechos relatados en los libros de Shakespeare. Felicidad matrimonial Se ha opinado mucho sobre la vida personal del autor y sobre su presunta bisexualidad, especulación que encuentra su base principal en una originalísima colección de sonetos que fue publicada, al parecer, sin su consentimiento. También se ha sospechado la existencia de alguna o algún amante que hiciera desgraciado su matrimonio, ya que la que fue su mujer y madre de sus tres hijos era bastante mayor que él y se encontraba embarazada antes de la boda. Esta sospecha se asienta en una famosa cita de su testamento: "Le dejo mi segunda mejor cama", pasaje que ha suscitado las más dispares interpretaciones y no pocas especulaciones. Se ha seguido muy de cerca, además, la crueldad de Shakespeare con respecto a la figura femenina en sus sonetos y, en consecuencia, de la ingenuidad del hombre que cae atrapado en sus redes. Los temas de la promiscuidad, lo carnal y la falsedad de la mujer —descripta y criticada humorísticamente por el dramaturgo— son pruebas suficientes para los que parten de la base de que tendría cierta predilección por los hombres y un repudio hacia la coquetería de las damas, en todo caso, siempre mencionadas en alusión a su superficialidad e intereses materialistas. En una de sus comedias, titulada Como gustéis, Shakespeare pone de manifiesto la corrupción del mundo masculino y la capacidad de una mujer –Rosalinda – para restaurar el orden inicial y llegar a la paz. Sin embargo, a pesar de que la heroína de la trama es una figura femenina, ésta se arma de valor y es capaz de grandes hazañas recién cuando asume el papel de un hombre, Ganímedes –personaje mítico y homosexual que se había enamorado de Júpiter. Cuando el rey Lear adjudica el poder a sus dos hijas mayores, Goneril y Regan, éstas cambian su conducta bruscamente para con su padre y lo someten a una agobiante tortura que irá consumiendo su vida poco a poco. El gobierno se deteriora y el séquito real se desmorona hasta que un hombre reasume el mando. Religión En 1559, cinco años antes del nacimiento de Shakespeare, durante el reinado de Isabel I, la Iglesia de Inglaterra se separó definitivamente, tras un período de incertidumbre, de la Iglesia Católica. Por esa razón, los católicos ingleses fueron presionados para convertirse al anglicanismo, y se establecieron leyes para perseguir a los que rehusaban convertirse. Algunos historiadores sostienen que durante la época de Shakespeare existió una oposición importante y muy extendida a la imposición de la nueva fe. []Algunos críticos, apoyándose en evidencias tanto históricas como literarias, han argumentado que Shakespeare era uno de estos opositores, si bien no han conseguido demostrarlo fehacientemente. Lo cierto es que Shakespeare se encontró más cómodo bajo el reinado del supersticioso y filocatólico Jacobo I que bajo el de Isabel I. La cultura de Shakespeare Aunque es mucho lo que se desconoce sobre la educación de Shakespeare, lo cierto es que el artista no accedió a una formación universitaria y su amigo Ben Jonson, que sí la tenía, lamentó en alguna ocasión "su escaso latín y aun menos griego", lo que no fue óbice para que le llamara además "dulce cisne del Avon" y añadiera que "no es de un siglo, sino de todos los tiempos". En cierta manera, su escasa instrucción fue una ventaja, ya que su cultura no se moldeó sobre el patrón común de su tiempo; como autodidacta, William Shakespeare, según señaló un experto conocedor y traductor de su obra completa, Luis Astrana Marín, tuvo acceso a fuentes literarias sumamente raras gracias a la amistad que sostuvo con un librero. Los análisis de sus escritos revelan que fue un lector voraz. No destacó en absoluto por su currículo académico y, de hecho, sus estudios no alcanzaban las exigencias de su tiempo; su talento estribaba en su capacidad de hacer algo radicalmente nuevo con lo viejo, a lo que insuflaba nueva vida. En vez de inventar o apelar a la originalidad, tomaba historias preexistentes, como la de Hamlet, y le otorgaba aquello que le faltaba para la eminencia. Como sea, William Shakespeare es considerado el escritor más importante en lengua inglesa y uno de los más célebres de la literatura universal. Sus obras fueron traducidas a más de setenta idiomas y sus piezas dramáticas continúan representándose por todo el mundo.


Fuente: Wikipedia.

jueves, 1 de enero de 2009

Maravillosa Tercera Edad

Maestros de la vida, se regalan y nos regalan momentos sublimes, cuando se suben a las tablas.
Con un entusiasmo propio de adolescentes, con un compromiso de adultos, estas personas sin edad nos dan cátedra de energía.
Con su nobleza, con su pasión, con un gran sentido de la humildad, los adultos grandes festejan cada ensayo, cada nuevo aprendizaje, cada logro y cada tropiezo con tremendo deleite.
Achaques, dolores, limitaciones? Eso queda para los que no se subieron a un escenario... todavía...!