En el siglo XVIII, con la primera revolución industrial, aparecieron las fábricas, los horarios laborales imposibles, el consumismo y, entre otros importantes avances de la humanidad, “las depresiones”. Los médicos de la época, ajenos a la futura invención del psicoanálisis y los antidepresivos, tuvieron que recurrir a un remedio natural e infalible para paliar tanta infelicidad: LA RISA.DAVID GARRICK (1717-1779), fue un reconocido actor inglés del siglo XVIII. Estaba tan extraordinariamente dotado para la comedia, que los médicos recomendaban sus actuaciones como una especie de remedio mágico, capaz de sanar cualquier pena del alma. Podríamos decir que GARRICK, sin saberlo, fue el PRIMER RISATERAPEUTA de la historia. Hoy, en pleno siglo XXI, cuando se conoce científicamente que los niños ríen unas trescientas veces al día y los adultos tan sólo unas quince, nos proclamamos sus humildes seguidores y le rendimos este homenaje en forma de espectáculo que sólo busca que todo espectador olvide sus problemas, rompa sus máscaras y se lance a reír con esos cuatrocientos músculos que dicen que tienen que moverse para reírse…Inspirado en la vida y obra de DAVID GARRICK, EL ESCRITOR MEXICANO Juan de Dios Peza(1852-1910), escribió el siguiente poema que a continuación les presentamos para que se deleiten y sensibilicen con las grandes contradicciones humanas representadas en el ARTE LITERARIO…
Viendo a Garrick, actor de la Inglaterra,
el pueblo al aplaudirle le decía:
"Eres el más gracioso de la tierra, y el más felíz!"
Y el cómico reía.
Víctimas del spleend, los altos lores,
en sus noches más negras y pesadas,

iban a ver al rey de los actores,
y cambiaban su spleend en carcajadas.
Cierto día, ante un médico famoso,
llegóse un hombre de un mirar sombrío.
Sufro, le dijo, un mal tan espantoso,
como esta palidez del rostro mío.
Nada me causa encanto ni atractivo.
No me importa mi nombre ni mi suerte.
Y en un eterno spleend muriendo vivo...
es mi única pasión la de la muerte.
Viajad, os distraeréis! -Tanto he viajado...
Las lecturas buscad! -Tanto he leído...
Que os ame una mujer! -Si soy amado...
Un título adquirid! -Noble he nacido...
Pobre seréis, quizá? -Tengo riquezas...
De lisonjas gustáis? -Tantas escucho...
Váis a los cementerios? -Mucho, mucho...
De tu vida actual, tenéis testigos?
-Si, mas no dejo que me impongan yugos.
Yo les llamo a los muertos mis amigos,
y les digo a los vivos mis verdugos.
Me deja, agregó el médico, perplejo vuestro mal.
Mas, no debo acobardaros.
Doy por respuesta este consejo:
Sólo viendo al gran Garrick, podéis curaros.
-A Garrick?
Oh, si, a Garrick! La más remisa
y austera sociedad lo busca ansioso.
Todo aquel que lo ve muere de risa.
Tiene una gracia artística asombrosa!
-Y a mí me hará reir?
Oh, sí, él y nadie más que él. Os lo juro.
-Así, dijo el enfermo, no me curo.
Yo soy Garrick. Cambiadme la receta.
Oh, cúantos hay que, cansados de la vida,
hartos de pesar, muerto de tedio,
hacen reir, como el actor suicida,
sin encontrar para su mal, remedio.

No siempre al reir se ríe.
Nadie en lo alegre de la risa fíe,
porque en los seres que el dolor devora,
el alma llora cuando el rostro ríe.
Si huye la fe, si muere la calma,
y sólo abrojos nuestras plantas pisan,
lanza a la faz la tempestad del alma
un relámpago triste: la sonrisa.
El carnaval del mundo engaña tanto,
que las vidas son breves mascaradas.
Aquí aprendemos a reir con llantos,
y también a llorar con carcajadas.
Juan de Dios Peza



